Aunque pueda parecer paranoia, cada día estoy más convencido, de que vivimos en una sociedad de castas. Por un lado nos encontramos con la casta dirigente, es decir, políticos, altos funcionarios, grandes fortunas, empresarios de exito vertiginoso, etc. y por otro con una casta de clase media, en vías de extinción y por último la casta de los desfavorecidos, desahuciados y ultimamente suicidados.
La casta dirigente trata, por todos los medios, de convencernos de que somos una sociedad privilegiada por tener la mejor educación pública, la mejor sanidad pública y gratuita del continente, de vivir en un estado de libertades garantizadas, en fin, de gozar del mejor de los sistemas. Mientras tanto, esta casta de dirigentes no hace uso de este sistema, ellos hacen uso de la sanidad privada más excelente, sus hijos y herederos hacen uso de la educación privada más excelente, ellos hacen uso de los paraisos naturales, perdon he querido decir fiscales, más excelentes, y todo ello para que su casta pueda, en el futuro, seguir engañando a esta manada de borregos, que componemos el resto de la sociedad de este pais.
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